Lamento
Ante la fuerza del quejido,
del lamento,
enmudeció mi boca
para no gritar,
se replegó mi corazón
para no sangrar.
Mis sueños, ayer gaviotas,
quebraron sus alas
al no tener donde anidar.
Se cubrió el cielo…
lloró perlas amargas,
y el mar, mi amigo,
se desnudó de azul
se vistió de gris.
Y en la playa,
en medio del vendaval
que azotaba mi costa,
mi alma, incrédula, desfalleció
sumida en un mar de tristeza.
Isabel Miralles
30-12-2008



